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lunes, 4 de agosto de 2025

Los poemas de Finca "Las Costas"

 

dibujo por Juan Carlos Moisés


Ricardo Daniel Piña


La pelea. 25/11/2019,

Un grillo en la media, es la dureza en la planta de mi pie.

Esta mañana siento mi piel más seca, más oscura. La piel se me endureció. Se lastimó. Mis manos y mis dedos se llenaron de callos.

La permanencia en el lugarcito donde vivo en el campo está ambientado para vivir la intemperie como una razón más del proletariado.

El colectivo local paró en una bocacalle. Tiempo para que los transeúntes se  acerquen a la oscunidad. La garita donde se refugian del sol o la lluvia, estaba ahí nomás. Cuando el sol cae a pedazos como  la lluvia se hace inevitable detenerlo. Con una mano en visera. Con un periódico. Con la bolsa de los mandados. Algunas doñas andan con paraguas a modo de sombrilla. El sol es más implacable que la lluvia. Permanece más tiempo. Engorda el aire. Flota como niebla. Te raspa los brazos, la piel de la cara, te enceguece. Te decís si habrá tregua. Si las calles tendrán sombra. Si las chapas pararán la insistencia. No es calor. Es sol. Descerebrante. Traumático. Perverso. Lascivo. Maléfico.

La mujer que venía caminando por la calle, hacia el colectivo, rodeada como de 9 perros. Medianos y grandes. Sigue en medio de un griterío canino impresionante. Uno medio amarillito café con leche, medio tullido, es retrasado por otro, que parecen estar en un juego. De golpe el más grande detiene sus giros y volteretas. Lo enfrenta y lo muerde en el lomo. Varias veces. El tullido, más chico y disminuido resiste con entereza y movimientos de evasión. No sin desparramar en la asfixia del día, un griterío de dolor terrible. Al instante de los aullidos de dolor, los demás se vuelven y comienzan a atacar al más perjudicado en la pelea. Se trenzan feo. De a dos lo arrastran del lomo, por la calle de tierra. El pobre tullido y desahuciado perro, parece  entregarse a que lo despedacen. Cuando la mujer, de mediana edad, bañada por el estruendo de sol y gemidos de dolor, se detiene y se da media vuelta. Mira el perrerío gritando y atacando a uno solo. Camina hacia el tumulto de polvo y pelos de colores, que se disuelve ante la autoridad de la señora, que no les dice nada o no alcanzo a escuchar desde el colectivo, camina hacia un portón blanco, lo abre, el perro amarillo, el desfavorecido entra. Los demás continúan caminando a su lado.

 

En la finca. 12/11/2019

Las moreras y los paraísos han sido podados al ras. A unos 30 cm del piso. Para que se atoren en el crecimiento. Para que no haya superficies que hagan la fotosíntesis para poder crecer. Así los secan más rápidamente. Pero han convocado a un paisaje extrañamente resistido a la adversidad. Borbotones de ramas salen de un pequeño tronco apena asomado de la tierra.

Así me interpreto yo. Crezco luego de haber sido talado. Resisto. No me entrego y eso me hace vivir otra dimensión de la tragedia.

Los eucaliptus alineados en los bordes de la finca, son los únicos que se usan como leña en los secaderos de tabaco.

Nunca vi tanta variedad de pájaros. De algunos no conozco ni siquiera los nombres, Las planicies elevadas de Salta encierran (literalmente, entre los cerros que la bordean) una cantidad importante de variedades de especies de pájaros.

Cada una de las piedras que aparecen por todos lados, carecen de filos, cortes, o fisuras. No tienen ángulos ni aristas. Tienen lados redondeados. Pienso que estoy en un lugar por el que, antiguamente, corrió mucha agua.

Este valle interminable recortado por cerros alrededor, recoge los ecos como un verdadero megáfono de roca, de esa cadena infinita de rugidos de intemperie.

 

 


El borde. 06/11/2019  

Estoy parado en un depósito aluvional. Convertido en fincas, pueblos, barrios cerrados, rutas…

Cuando las cosas callan, la voz transparente de la mañana dice palabras naturales en las flores, en las piedras, en los pájaros, Mi renuncia se distrae entre las ramas de las moreras y los sauces.

Estoy viviendo en un ranchito que usan los peones que trabajan en el campo. Está ubicado en el borde de la finca, lindante con la ruta colectora que la une al acceso oeste, que lleva al aeropuerto de Salta.

 

El sarcasmo. 06/12/2019

Invisibles cadenas de gruñidos de gallos mordisquean la noche de los perros, en el campo. En la finca. Tubos raspados de odio resentimiento de animal de granja rey de las gallinas consortes.  El aire es un cuchillo de vidrio. Repeticiones de madrugada. Cuerdas tensas en la madera de los cuerpos plumíferos que descerrajan el espanto y el horror de un grito de abismo. No es cantar. Es aullido y herida de lobo liviano corazón de uva. Es el infinito de la queja decidida. Fantasmas blancos y negros que fosforecen en el dolor y el sacrificio campero. Reconocen la cuenca imperceptible que se aleja de sus gargantas. Y el dibujo que hace la pasión como un tubo amarillo apenas perceptible en la falta de luz, es saliva y lágrima de vidrio traqueal. Astillas del rictus del gallito enclavado en el poste del alambrado.

El sarcasmo del fin del mundo.

 

El valle. 10/12/2019

Escucho esa voz ennegrecida en venas alquitranadas retumbando como ecos en el Valle de Lerma. Enceguecen los cuerpos blancos y negros. Tornasolados. El grito de cautiverio. Anillos esofágicos enfurecidos. El grito de cautiverio. La voz de la humanidad apretada en esa opacidad traqueal del gallo. Un silbato de plumas y tendones, deformes, resistiendo la opresión de las almas. El grito de cautiverio.

Tubos. Caños. Resortes acanalados. Arteriales. De cuero reseco y ajado.

Estertóreos. Nauseabundos. Posesos y diabólicos.

Nunca diré que el abandono habla de latas oxidadas en el camino.

No diré tampoco olvido cadavérico del rococo que blanqueaba sus huesitos al sol originario del trópico. Agregaré que una noche, yendo a casa, apareció frente a mí en medio de la lluvia, un rosal rosado. Con sus flores abiertas y radiantes.

 

El rosal rosado. 13/12/19

El Pilcomayo se derrama. A´hutsaj y Tsetwó. El ave mítica majestuosa de guerra, y el cuervo wichí. Están plácidamente descansando en la otra orilla. Nadie sabe decirme si esa orilla es Paraway o Bolivia.

Quiero creer que por la cercanía es un banco de tierra…

La enciclopedia hace a los países inconmensurables. Infranqueables instituciones irreales. Imposibles de dimensionar en una tarde de soles aventurados con amigos originarios en el río.  Nadie sabe si esa orilla es Paraguay O Bolivia. Verónica y Celeste pasan caminando por el medio del río, hacia el otro lado. Es muy difícil en la corriente. Más difícil aún, caminar sobre el lodo del fondo del río.

He decidido volver hacia la orilla. La correntada, el lodo del fondo y el sol se conjugan de tal forma que me hacen recalar en la playa. Termino por echarme boca abajo en el barro de la orilla. Escuchando el ruido del agua con los labios apretados al suelo.

 

La resistencia es abrazar al limo de Bolivia, Paraguay y Salta.

Restos de los dioses fósiles del Tahuantinsuyo.

 


Los gallos de Hegel. (Extracto) 13/12/19

Bestias elevadas hermosas plagiadoras de las tormentas. Escucho sus gritos fétidos de odio raspando la nube de oxígeno que nos envuelve. Dioses semejantes al gallo de plumas, con un pedazo de carne roja brotando por el cráneo y cayéndole por su cuello de esfinge egipcia.

Apenas un silencio pequeño entre las líneas cantadas. Un silencio de octavas exactas que se repiten en la inmensidad de la saliva y los fluidos.

Y Hegel dice: “Los animales desean cosas”. “El hombre desea deseos”. “El hombre desea someter a otros”. “Desea que lo reconozcan como superior”.

El proletariado esparcido por el valle como ronquidos de gallos en la madrugada, se está muriendo de hambre. La descendencia muere sin pan. Sin nada en sus estómagos. Se mueren las madres. Mueren los embarazos de abortos espontáneos por desnutrición. Los gallos gritan de dolor y odio a la raza humana. Los peones trabajan para el patrón de la finca. Son los hacedores de la rentabilidad del patrón. Cantan de horror mientras siembran tabaco, y gritan con sus cuerdas vocales envueltas en alcohol y nicotina. Los gallos tienen al corazón pequeño como una uva y el odio explotando de plumas. Los peones no tienen nada. Solamente su trabajo físico. Tienen sus cráneos rojos de sangre y sol como los pollos. Desde la finca todo se parece al gallo hirviente en el poste. Sometiendo a los súbditos con su grito resentido. El peón se levanta a las cuatro y media, y sale del rancho cantando. Y sale rumbo al campo a sembrar tabaco y canta…. Canta canciones a sus niños pequeños y desesperanzados. Canciones tristes y lúgubres.

 


Largas sucesiones refulgentes de terror y odio. 11/12/19

Tráqueas retorcidas en penumbras de la ceguera del alcohol. Jornales de pocos billetes unidos a la madre enfermita que espera en el rancho. Y el patrón también se levanta a las cuatro treinta de la mañana para mirar por la ventana de su habitación, para ver cómo se preserva su inversión. La simulación de su capital es el peón de campo, el tabaco y la siembra a mano. Su capital es la hilera de moreras, los sauces, las maquinarias, la hacienda. La sucesión de eucaliptus preparados para usarse de leña en los secaderos de tabaco. Su estrategia de inversión es el grito estomacal hediondo que repercute como el gatillo de un arma, entre los cerros. Su descuido necesario es el aire de apropiación de la plusvalía. Es el agua que se lleva la esperanza en la lluvia.

Yo duermo solo en mi rancho en compañía de una mesa, un sofá, dos bancos, un par de almohadones y mantas. A veces pienso en las flores ocupando la intemperie de afuera. Otras veces veo los ángeles vaciando las botellas. Y recuerdo a luz de tus ojos encendidos de amor.

 

El terreno 14/01/2020

Me siento a mirar la parcela de terreno a mí alrededor.

Escucho y pienso en el silencio de los gallos. Imagino el estruendo repetitivo furioso insistente perseverante de los tantísimos gallos en las chacras del monte salteño arrasado por topadoras de gringos y criollos.

Una sola forma de ver el mundo.

Luces de niños que se apagan.

Luces de niños que se mueren desnutridos en las comunidades.

Los ángeles apoyan sus frentes en el polvo del camino y descansan.  

Es la mañana, la hora de la ausencia de los peones que salieron a la siembra.

Veo que ya no están. Se recortaron sus figuras mustias en un instante por entre los cerros.

Y adivino cardenales, jilgueros, reinas moras, horneros, calandrias, zorzales.

Colibríes, que los vi suspendidos en el patio de tierra, mirándome, para perderse como esquirlas de una intención más grande. Los ranchos, las taperas y el chaperío, las motos,

los caballos y las bestias domésticas salpicadas como barro.

El colectivo 4C por la ruta angosta que pasa por el borde como recta de mil metros, que se hace una curva de cientos de metros hasta la entrada a la circunvalación.

 

 

  

blogcampello@gmail.com

Noviembre-Diciembre 2019 / enero 2020

Santa Victoria Este / Finca Las Costas- San Lorenzo Chico

S  A  L  T  A

Negar su negrura

 

Washington Cucurto

La felicidad

 

Afuera llueve con todo y yo estoy en el Mac Donalds mirando el Obelisco,

cada tanto saco la lapicera y garabateo un verso.

Ustedes no me lo creerán:

Pero no puedo ser más feliz.

La felicidad , escribo en una servilleta y todos me miran como escribo.

En estos tiempos de wasaps es rarísimo ver a una persona escribiendo.

Es como ver a un dinosaurio.

Todos a mi alrededor comen hamburguesas gigantes. Hamburguesas-ovnis, hamburguesas

de carne de dinosaurio. Estoy en el centro  escribiendo esto y todos me miran  

como a un marciano. Pero nadie deja de masticar a su vez.

 

 

Gaucho ladino  

 

Hoy me dijo un gaucho que vino a tumbar un eucaliptus que se inclina como caña encima de mi casa: “a los pinos no hay que podarlos porque se secan. Es una conífera”, me gustó esa palabra pronunciada en boca del gaucho. Al toque miré a los tres pinos que están dentro del terreno y me acordé que les había podado las ramas bajas.

“Los podé porque parecen pirámides casi no tienen tronco, gaucho”, me dije con culpa.

El guacho me metió el fichón y se fue. “Está bravo para bajarlo a este hijo de mil y peligra la casa”, soltó antes de perderse a caballo por la inmensidad nunca tan inmensa de Flor Varela.

 

Soy capaz de pensar cualquier gansada en el campo me vienen de a montones como en bandadas. Pienso en el año en que se mató Alfonsina Storni, 38, ese año nació mi mamá y por ende nací yo. Me quedo pensando largo y tendido en un poema que escribió Margarita pensando en Cortázar.  

Pienso en una mujer de un tamaño cómodo.

 

Gaucho malandra, me enchufó un fichón y se fue.

Me quedé pensando en los pinos.

Paso la hora esperando el momento  en que comiencen a secarse.  

¡Chau, pirámides de Varela!

 

Refrán

 Yo, caballero,

penetración y rengueo.

 

 

Leído en una tumba de Lautremont

Disculpe que no me levante a saludar.

 

 

Hijo de 14 años

 

Y ahora que al fin bajé la persiana y las mujeres ya no me parecen orquídeas hablando por teléfono, ¡ya ni esto son!: orquídeas cantando un tango con micrófono prestado de varón. Ahora, hoy, seguro mañana, nunca ayer, vuelvo a casa cansado leyendo una novelita policial bastante mala que me atrapa en un momento en que pienso qué fundamental es en mi vida el transporte público nacional.

 Cacho con la simpleza de una instantánea que pasé  la mitad de mi vida subido a un bondi.

Como éste que navega las calles mamotretas de un barrio peligroso.

En una esquina sube mi hijo con un par de muchachos.

Hacen ruido e insultan a la gente,

-me muero de vergüenza, primero me pongo colorado y me achico en el asiento,

quiero que la novela me morfe.

¡Mi hijillo! ¡Tiene una botella negra en la mano y es un gigante!

¡Mi hijillo de 14 años es un gigante!

Agacha la cabeza para que no lo emboque de lleno con la mano abierta, a lo Monzón.

¡No! Toco el freno de mano sostén de los inútiles y no le digo ni le hago nada.

Que siga su rumbo.

Que haga su vida.

Si antes el evangelismo lo llenó de alegría un cacho

Ahora será el alcohol el que lo imposibilite.

¡Pensar que cuando era niño no se me despegaba con nada! Baja en la próxima con otros muchachotes, me mira como a un viejo  que está ocupando el asiento

donde debería aplastar su culo.

Ya no es mío.

Lo dejo ir, lo dejo hacer la suya.

Mejor así, ojalá nunca le pase nada malo.

 

 

Zurich

 

Esta tarde descubrimos un barrio extraño lleno de inmigrantes libros y africanos ¡me       hace acordar a Berlin! ¿Krausberg?

¡Sí, a Krausberg!

Edificios viejos y rotos

Caserones de 100  años con jardines selectos, en tren que pasa.

Toldos de ropa y comida boliviana

 


Homero Pumarol no está muerto

 

Homero Pumarol vive.

La poesía vive en el Caribe.

Homero Pumarol no está muerto.

La literatura todavía no está muerta.

La bachata no morirá nunca.

Zacarías Ferreyra y su tema “¿quién eres tú?”

No morirá nunca.

La vida.

Lo mejor de la vida no está muerto. Está sucediendo ahora.

La bachata

La mejor de la bachata está sucediendo ahora, no está muerto.

La bachata no es una música de guardia

La bachata es la guardia.

Homero PUmarol no está muerto.

¡Repitan!

Homero Pumarol no está muerto.

¡No se oye nada!

Homero Pumarol no está muerto.

La poesía vive en el Caribe.

¡Repeat!

Con este escrito quiero contradecir a la policía secreta

Que afirmó la muerte del poeta.

Vive.

Vive.

Está vivo.

La poesía late en el Caribe.

La poesía no late en La Bombonera.

No hay cartel publicitario que le parta la cabeza. Las enfermeras de la Sanidad lo atienden en el calle Los diarios sueltan la noticia.

“Cartel de publicidad cae sobre cabeza de poeta”. Se corre la bola que el accidentado es el poeta Pumarol

Quien caminaba por la calle y le cayó encima un cartel.

¿Oh, por qué no le pasó eso al viejo Parra?

A Juan Gelman le hubiese venido muy bien un cartelazo en la cabeza

Mientras caminaba por una calle de CDM.

Repitan:

¡No hay cartel publicitario que liquide al poeta!

El poeta es más fuerte que toda la publicidad del mundo.

Ni el cartel mas grande que toda la fortuna de Coca Cola

Puede con la cabeza del poeta.

Solo quiero decir esto:

¡Homero Pumarol no está muerto!

 

 

Dama de la chatarra

 

Durante años o siglos fuiste mi hormiguita culona y no me importó  que fueras pequeña y frágil  y que en más de una ocasión te dieras vuelta y quedaras boca arriba por el peso de tu culo.

No me molestó que fueses,  

Oh, tú, mi flor de tilo,

Oh, tú, dominicana del demonio,

Oh tú my Lady Di of the chatarries, OH, ¡No!, nada de eso, solo una hormiguita culona curada de espanto. Juntos hicimos un nidito en el agujero en la pared de un departamento de dos ambientes de Buenos Aires,

Por ese agujero vimos funcionar al mundo.

Estuvimos en el agujero.  

Siendo lo más fuerte posible que pueden ser una hormiguita y su clavo.

Después no sé qué pasó.

Se te desinfló el culo,

se te quemaron las antenas Y dejaste el agujerito en la pared.

Yo sigo siendo el clavo aquel. Pasan los años y ahora no más te ficho con otro clavo de la mano

(un clavo saca a otro clavo)

 

Viejo, arrugado, aburrido… 

 

Estaba en el Mac Donalds, dibujando en uno de mis cuadernos  que se vuelven viejos, arrugados, aburridos, navegando en internet un rato, cuando se me apareció la nenita que se aparece siempre con un ramo de flores como en las películas con lapiceras baratas que no andan para venderme. Le dije que no, que ella era chica y yo grande, que si quería le compraba una hamburguesa. Me pidió mi marcador rosa flúo marca Uni Posca,  

Una verdadera genialidad ese marcador.

Se lo tuve que regalar.

 

 

La poesía

 

Es alucinante pensar que la poesía todavía me interesa.

Apocalipsis doméstico.

¡Qué será de nosotros de acá a un par de años!

El mes próximo suben todas las facturas.

Que ya están bien altas.

Nadie tendrá dinero para poder pagarlas. ¡Son tan exorbitantes, exageradas y astronómicas las facturas argentinas que ni siquiera los dueños de la tierra  -aquellos feroces inventores del Latifundismo en A.L.- pueden pagarlas!

Seguir la prédica de Evo Morales.

Pagar el gas a su valor. Pagar el gas a su valor.

Dentro de un par de meses el panorama será desalentador.

Nuestro joven presidente dice que hay que ponerse mas pulóveres en casa para no sentir frío.

   

 

 

 

Medialunas horrendas 

 

En un paradero horrendo atendido por su dueño

comí medialunas como le gustarían a Homero Simpson.

 

 

Juntos

 

Imagino que no debe haber nada  

Mejor que estar un mediodía juntos.

Pasarla bien.

Creo que la palaba que mejor te queda.

 Y la más linda que descubrí en estos  Últimos meses es “juntos”. Aunque me deje afuera, aunque yo no Podré vivir ese estado nunca.

El mejor piropo que te puedo decir es ”juntos”.

El mejor comentario de tu novela.

(que todavía no escribiste) es “juntos”.  

En el cuerpo andan juntos de la mano.

Y son tan lindos como un campo de nomeolvides.

Hoy recupero para el mundo Traigo de nuevo a la sociedad  la palabra “juntos”.

Yo no quiero que digas para englobar todo para meter todo en una bolsa,

Juntos.

¡No!

Juntos, por favor, no!

Juntos, lo mejor de esta vida

Pasarla juntos

Mientras escribo esto pienso:

“qué bueno sería que los hombres desaparezcan del mundo”

Se extinguirán del Planeta.  

Y entonces podríamos andar juntos.

Hoy amanecimos pegaditos uno a otro,

¡Nos autopegué  con líquido de saliva fluorescente!

La última plaza

 

Con un libro de inglés en las manos de la editorial OXFORD READAND. IMAGINE del que no entiendo nada y deberé explicar a mi hija temas de su curso  

siento que estoy ante la última plaza de mi vida.

 Hace frío, aunque estemos en setiembre Y detesto este espectáculo de llevar a los hijos a la plaza. Odio esto ahora. Mis dos hijas ya están grandes y se aburren.

Ante lo cual, intuyo que crecieron y es la última vez que venimos a jugar a esta plaza.

Ellas también se sentirán extrañas

Tendrán melancolía e intentarán sorprenderme. Para ellas también es la última de sus vidas por lo menos, hasta que tengan hijos.

 

El libro de inglés

Hay cosas que ya no aprenderé…

Hay cosas que ya no volverán…

 

 

Ey, amigo…

Ey, vos, amigo, necesito un préstamo

Necesito unos pobres mangos rosados

No son muchos, es poca guita en realidad, Pero para un seco como yo… hasta una lágrima

Es motivo de mar y de tragedia.

No tengo un peso y tengo que pagar.

Por más que busco busco busco

No consigo generar un peso,

Son épocas rudas

Y necesito amigo, que me sostenga

Que me apisone con unos billetitos

Algo para comer

El café

Los gastos diarios

Mi hijita de siete años

Necesita cosas

Morena estudia fuerte pero le cuesta

El más grande tiene 14 para 15  

Y quiero ir a la universidad estudiar ingeniería

Esa vaina

Es maestro mayor de obras a los 15!

Una especie de genio proletario.

Yo le digo, ¿para qué mas?

¿Qué sentido tiene pasarse la vida estudiando,

Leyendo, encerrado diseñando maquetas?

Pero insiste y no puedo decirle que no

Obnubilado por el pasto de la vida el borrego está en esa

¿y qué voy a decirle?

¿Qué no tengo un peso?

No tiene el menor sentido todo esto.

Por eso vengo a pedirle amigo

Que me aferre con unos  billetitos

Que hoy necesito, pero mañana no,

Que le devolveré hasta el último centavo.

 

 

Pinto

Yo no tengo nada que hacer

Lo que tenía que hacer lo hice Y lo que no hice ya no lo haré.

Estoy en cero,

50 años de desventaja

Endeudado y ocupado por sobrevivir

Y me cansé

El dinero ya no es mi patrón.

Me encierro en un cuarto y pinto

Arruino piletas paredes y pasillos Dibujo mientras a mi alrededor el mundo ladra:

Una actividad inútil en un mundo obsceno.

¿Qué me queda por hacer?

Pinto, dibujo, pego papeles y escribo

Mientras el sol afuera amenaza con derretir al planeta.

 

Estoy bien

Estoy al costado del camino  

Mientras todos bailan y corren a sus empleos

Ya no soy joven

Ya no atraigo a nadie

Solo me queda el lenguaje

Ni siquiera unos pocos dólares me quedan

Está bien, leo, pinto y escribo, No despertó el cáncer en mí, todavía.

Uso anteojos y no estoy para nada bien.

Estoy bien al costado del camino, mejor dicho.

El mundo no me deja participar de su locura.  

 

Padre

Siempre supe que andaba bien en esta asignatura

Pero cuando veo a mis hijos caprichosos Deformes, estudiando construcción   o veterinaria

Me alegra porque no serán como yo

Correrán como el resto del mundo detrás del dinero.

En el fondo, bien en el fondo, me quiero matar…

¿Por qué tan distintos?

¿Por qué tan monstruos como los demás monstruos de este mundo? Ey, loco, qué decís, están los edificios llenos de gente así. Ey, loco, qué decís, están los micros y las cloacas llenas de gente así.

Cuando los veo grandes e indiferentes

Aprendo una sola cosa: fui un padre de mierda.

Ey, loco, esta gente va a terminar con el planeta. Tiemblan las plagas, los calamares y los bichos que suenan como helicópteros que todavía existen hasta que lleguen los bárbaros.

 

Sale con fritas

Trabajar el error como una joya

 



Marquita

 

Marquita de tatuaje, presión perdida en los pañales,

Estoy inventando una biblioteca, una recopilación

de hojas verdes para quemar en el verano.

Por eso he sido paciente, tan poco ducho, tan

afilado en la nada.

 

 

Primero sueño

 

La figura del círculo encierra la repetición. El regreso al comienzo, el caminar hacia un centro indescifrable, donde bullen

símbolos del todo que la cabeza procura descifrar. Los círculos concéntricos abren las huellas de lo duradero desconocido, alguna mueca de misterio y trascendencia.

Fuera del círculo la razón alucina por ignorancia, crea otros círculos que se entrecruzan, otros centros para depositar lo oscuro desconocido.

En los límites indescifrables de los últimos círculos, una tierra yerma, barrida por el viento, borra todas las líneas, pasa un rasero por los mundos imaginarios, arroja torres de arena y piedra sobre los antes bien dibujados espíritus del paraíso, tan imperfectos como el trazado del primer círculo.

Te han prometido una perfección que resultó triste arte de geometría, palabras en retroceso hacia los márgenes de un lenguaje que no se habla en la tierra.

Sobre los bordes achatados del planeta, donde la tierra se dobla,

las ansias de conocer se desvanecen y un frío de ignorancia retuerce las brújulas.


Sueño segundo

 

 

La cabeza falla, aunque busca la precisión del búho para girar y

dar en el blanco que tiene a su espalda.

No se trata ya de comprender la carga magnética del cerebro, sino sus destellos de búho o animal rapaz que se lanza al vacío en busca de una presa.

La cabeza falla, ve demasiado tarde las presas pequeñas, demasiado pronto las que exigen determinación feroz e inmediata.

Vacío de acción, el cerebro se piensa perfecto. Pero su lógica es de garra, pico o punzón natural.

La naturaleza ataca las fuentes de la clasificación, no da facilidades.

En ella se entra o se sale en zigzag, con los ijares mojados, la piel rasgada por los elementos, y algunos fragmentos de lo que hemos podido morder o penetrar. Sin elección posible, comemos lo que atrapamos, no lo que buscábamos.

 


Sueño tercero

 

 

Tengo una promesa hecha de alcohol y herrumbre,

mi sabiduría.

Lentamente comienzo a reconocer lo que recuerdo,

lo que olvido a propósito,

lo que olvido sin querer.

No puedo pensar en lo que supe, lo que toqué,

lo que golpeó sobre mí como alud benéfico o torre de las desgracias.

Ahora puedo escribir lo que no sé, lo entrevisto en penumbras.

Voy como un animal silencioso, ciego de dolor en la selva umbría, feliz de mi carne viva.

 

 

Sueño cuarto

 

El animal, recogido en el fondo de sí, busca un espacio para

respirar o morir, lejos de otros depredadores. Afuera ocurren la

lucha, la búsqueda del alimento, el matar para vivir. Dentro de la

cueva en que ha caído, un sangrante no puede elegir, su mente

retiene imágenes reflejadas del ayer que compartía con los que se mueven en el mundo exterior. Ahora su universo es otro: el dolor, la espera, el vaivén de los líquidos incomprensibles en su cuerpo, la incapacidad para percibir si el sufrimiento nuevo crece o decae. En momentos en que siente alivio, recorre el sitio en círculos concéntricos, se anima hasta el límite en que la oscuridad se atenúa, luego se ovilla hasta el ensueño. Afuera están los otros, ausentes, veloces, ocupados en la caza, olvidados de él, ya no sus semejantes. Quizá puedan recordarlo un día, si él sale de la cueva con los colmillos aún asentados sobre las encías.

 

Viaje

 

 

Empecé mis viajes transoceánicos.

Viajo con una perra y un gramófono.

Los estribos están carcomidos por la sal

del Caribe y escupidos por quienes bajaron

maldiciéndome.

El canto se aplica sobre mi navío como una ley

que significa que no haya ley sino pasión.

Envuelto en dos frazadas,

preparo un golpe de otra realidad.

Mientras tanto, procuro no caer.

 

 

 

 

Los deseos irreprimibles

 

 

Cuando la mano ya inició

el movimiento

uno tiene la conciencia fugaz

del mal que está por cometer.

La ropa caerá,

el vino será derramado,

el corazón sangrará para siempre.

 

Pero uno no puede detener el movimiento.

 

 

 

 

Aguaceros

 

Escribir lluvia de una manera tal que nadie dude de las gotas que caen sobre su corazón. Lluvia, como un trazo japonés o el gesto ínfimo de quien sabe amar o suicidarse sin maltratar su estética. Esta mujer quiere sentir el agua que no cae, no caerá jamás, sobre el desierto de Atacama. Sentada bajo un toldo de bolsas blancas, ella interrumpe la ruta interminable que atraviesa este largo desierto. Habla de la lluvia que ha de llegar, rodeada de quesos amarillos y un cabrito que ha matado por la mañana. El sol quiebra cualquier cabeza salvo la suya. Tiene un repertorio de lloviznas, de tenues gotas sobre las paredes de nylon, de invisibles cortinas de agua, de temporales arrachados de otra época, de vapores que se elevan desde la tierra seca. Esta mujer no miente, ni sueña: lleva aguaceros en la cabeza.

 

(Salar de Atacama).

 


Las llamas

 

 

Descubrir en una mañana de otoño que todo aquello que esperabas no ha pasado, o ha pasado sin que pudieras advertirlo. El sueño es cambiar la desazón más absoluta por la idea de que, todavía, todo está por pasar. ¿Esa es la cuestión? ¿Esa es la cuestión? Que afuera el viento arrastre a la vida por una calle desolada no es lo más terrible, ni lo más terrible es el invierno, que vendrá. Lo que verdaderamente nos aterra son aquellas tinieblas que no cambian con las estaciones. Hemos hecho un refugio para hacer sonar una música. Gotea sobre nuestras cabezas el espíritu de una época de asesinos, pero igual afilamos nuestros cuchillos. Los tirantes del techo se sacuden como si fueran a aplastarnos, y decenas de calamidades parecen atravesar las rajaduras de la pared. Las llamas suben por las escaleras, pero igual afilamos nuestras palabras.

 

 

(Pasaje Los Patos, en casa de mi hermano Avelino Naves, el cantor).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Ojos de pupila brillante

 

 

La pura mirada de Ella ante el otoño de las islas, el mar furioso, la barca grisácea que la lleva entre ganado lanar, bolsas de mariscos, niños dormidos entre camiones. Millones de arrugas entrelazadas no tapan el brillo de esos ojos de pupila brillante, que las ráfagas no cierran, duros en mirar al verdugo y al más flagrante castigo. No ha de bajar en toda la travesía al refugio donde los viajeros se amontonan; afronta así la frágil existencia, el viento helado y los golpes de agua contra la cubierta. Mastica una papa con ají y bebe pisco que lleva en un frasquito, parece elevarse con el zarandeo como una imagen sagrada de los chilotes, su silencio posee una sonrisa para no creer en nada, en su memoria caben criminales venidos de ultramar y meros compatriotas de uniforme. Cede su única manta a un pequeño mapuche que puede ser su nieto o su enemigo. Hay que tener paciencia, para eso nos hizo dios, musita.

 

(Quellón)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Últimos herejes

 

 

Nos están alambrando el campo los raza blanca, señor, dijo el cacique Quilchamal a Roca, el general. Antes había mucho animal, yegua, vaca, oveja, le dijo, pero ahora dejan a los animales del lado de adentro de los alambres y a mi gente afuera. Yo le digo con respeto esta cuestión, señor general, yo para qué voy a hablar mentiras. No sería hombre, entonces. ¿Un general sabe eso? El problema de recordar es el temblor, piensa el cacique mientras avanza hacia El Chalía. Cuida de no dormirse, de no caer sobre el caballo que avanza pisoteando las mentiras del general, la baba de coroneles y mercachifles que ha acumulado el siglo con su viento sobre la planicie. Quilchamal duerme, en realidad, aferrado al animal que lo conduce a la muerte en un malón sin esperanza. Duerme en medio de un malón ya sin lanza ni enemigos, para la muerte basta el viento helado y la nieve que cae sobre los últimos tehuelches, puntitos en medio de la pampa, animales sin leña ni carne; últimos herejes de la llanura repleta de rocas.

 

 

(Lago Blanco, en memoria de Manuel Quilchamal).

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La oveja

 

                                              “¿Levantar la cabeza?

                                              ¿Dónde cree que estamos, en la Patagonia?”.

 

                                                                   SAMUEL BECKETT

 

Atrapada por el cuello al alambre de púas, un mal movimiento la degollaría. La oveja desliza milímetros su cabeza hasta quedar inmóvil a la espera de una solución que escapa a sus propios movimientos. Su cabeza no piensa, ni esboza cursos de acción, apenas percibe el suave ardor de los alambres puntiagudos, mientras a unos metros del alambrado los vehículos atraviesan la soledad. Pasan sin verla, o ven apenas la imagen fugaz de una oveja que permanece muy cerca de la ruta, en una inmovilidad sólo rota por gestos imperceptibles. Atrapada por el cuello al alambre de púas, oye la secuencia creciente y luego decreciente de los motores, quieta se queda y algo semejante al placer percibe cuando logra la quietud absoluta. Empieza a dolerle cuando se adormece, y así se despierta, y vuelven a nublarse sus ojos azules hasta que regresa el dolor que para ella no tiene nombre. No puede estimar la duración de la noche ni aspira al azar de alguien que atine a separar su cabeza del alambre.

 

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