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lunes, 4 de agosto de 2025

FULANA

 



FULANA


María Belén Aguirre



Tengo un alfiler clavado en el corazón. No sangra. No gotea. Mi muñeca engualichada, cada día que pasa es uno menos. 

×

Las polillas se han comido gran parte del vestido que amabas. Voy por el mundo semidesnuda. Medio puta. Medio pobre. Toda roída
de vergüenza. 

×

He revestido de Yo toda mi Nada. A juzgar por las apariencias, este disfraz es transparente.



(El eco de mi voz abofetea mi oído).

×

Enmudecer
Mudarse dentro.

 ×

Este silencio es todavía demasiado ruidoso. 

×

Mi boca es un sepulcro. Una tumba conmemorativa en la que moran muertos viejos. Secretos que el tiempo ha vuelto
inocuos.



Tu voz que en la distancia se anunciaba, se ha callado. Eras el timbre. La aldaba. El golpeteo de dos palmas preguntando:
¿Hay alguien?

×

(No estoy). 

×

(No estuve). 

×
He conocido a últimos que nunca han llegado a ser primeros.


Pero lo nuestro es la tristeza. Un tigre herido en medio de la selva
al que nadie auxiliará por miedo. 

×

Sumergida en un vaso de agua soy la ahogada. 

×

No llegará al mar mi río. Pero mi lágrima es el mar
donde se ahogan
peces dulces. 

×

Tiene mi alma la gravedad de un contrabajo. Voluntariamente cesarán
mi respiración y mi tiempo.


El pulso de esta mano. La estúpida cadencia de esa musiquita interior
que nunca, he bailado. 

×

Hyeronimus: El Infierno también martiriza
con instrumentos musicales. No pecaremos de ingenuos
esta vez. La belleza es traicionera. 

×

Quiero morirme. Ser como antes del deseo que me trajo. Muéreme Señor. 

×


¿Podrá, si es sordo,
leer al menos el movimiento de mis labios?

×

Sílaba tras sílaba
esta infamia te loa.
 
×

Porfía de los días. Porfía de los toros y los burros. Porfía de las hormigas antes del invierno. Porfía del amor cuando se acaba.


Yo besé tus pies como una Magdalena. ¿Fue la maldición de mi saliva la que condujo tus pasos hacia el
cadalso?

×

Con mis manos cavaré mi propia fosa
un rectángulo pequeño donde caber
holgada. Huella. Tajo. Hendidura. ¿Será mi cuerpo semilla de higuera?
La lluvia me regará. 

×

(Odio mi cuerpo porque en él están contenidos todos mis órganos
vitales).


Todo es materia de poesía dice Canton
También una naranja corrompiéndose
en los meses del estío. Escribo para dar cuenta de mi putrefacción. 

×

(Confesar lo evidente es igual a no haber dicho nada). 

×
Y enamorada de mi propia desgracia, fui manceba
Una discípula de Safo. 

×

Hermana quiere morirse y yo también
La sangre tira. 


Madre oró sin dentadura. Pidió por mi libro, por la salud de su padre
y la de sus hermanos, y por la danza de mi hermana. (Por sigo no
pidió. Cree poder pasar inadvertida). Su voz sonaba gutural y
profunda como emergida de una cueva neolítica. Sentí más fe en ella
que en Dios. 

×

La mejor ocurrencia es la verdad. 

×

Yo aprendí de memoria como un niño la fórmula del círculo. La repetí. La repetí. Giré en derredor de mí
hasta marearme. 

×

No supe saber en esos años. Bestezuela del futuro fui. Como ahora.



A mis pies la sombra de un pájaro vi, desde los altos cielos, reflejarse. Pequeña mosca era, en el piso. Quien no detenta belleza no puede
ver belleza en el mundo. Pisé lo efímero. Y seguí. Seguí. 

×

Hay un más allá. Un horizonte que no avisto
A cada instante,
lo inmediato, me tropieza.



He construido mi obra con escombros. 

×

¿Cómo alimentará el páramo al caballo flaco de mi inspiración?
El matorral ha sido
civilizado. 

×

Puede que duela. Pero esa herradura hará que al cabalgar el equino
sufra menos. 

×

Sólo muerta la naturaleza me conmueve. 

×

(La primera conmovida debo ser yo). 



(La primera indolente debo ser yo).

×

Escribo: Estoy contenta de tristeza.

×

Como nunca, Eufronio. 

×

Dándote lo que no tengo, te he dado más. 

×

Huirán de mí también los que hoy me aman
Huirán también para salvarse. Y serán también como mi padre. Un retrato de espaldas. 
Debo permanecer oculta por un tiempo. La clausura me pondrá a
resguardo del ridículo
Pero lo hecho hecho está. 

×


Ya no soy la que era. Pero soy la que he debido. 

×

Quiero la piedra que rodó por el acantilado. El testimonio de su vértigo. Sus abolladuras. Su pervivencia. Un talismán para mi cuello.


Mariposa negra clavada en el Telgopor
Soy el gusano que se retuerce. Yo no. Yo no. Yo no resucitaré al tercer día.


EPÍLOGO

Alice: Te soñé posando junto a un tigre amarillo y manso como el sol. Del lado izquierdo por el que sus cabezas se unían. Parecían siameses de tan juntos. No quise saber adónde empezaba uno y terminaba el otro. Ni separarlos. Ni romperlos. Ni dejarlos librados a la buena de Dios.



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