Sabag montiel: Ni héroe ni asesino
Toda persona con conexión a algún tipo de servicio de comunicaciones debe haberse enterado del atentado a Cristina Fernández de Kirchner en el Barrio Recoleta de la capital argentina. El ojo implacable de una cámara de celular que registra todo nos muestra una mano tatuada con una minúscula arma de fuego, una Bersa .380 apuntando al rostro de la vicepresidenta. Se oye un ligero clic inconfundible que significa una sola cosa (vean cualquier película de acción): misión fallida del agente. O en este caso: sicario. Sicario proviene del latín sica, un pequeño cuchillo que podía ser escondido en la toga por los asesinos en la Antigua Roma; hoy en día, una pistola diminuta que puede ser fácilmente guarecida en una cartera, una bota o hasta debajo de una manga para matar mandatarios. La bala no salió, pero dejemos ya de hablar del arma, sino del dedo que accionó el gatillo, de aquella mano con tatuajes esotéricos que generalmente llevan los seguidores de un cierto tipo de música. Cuando Sabag Montiel, también conocido como Tedi, asistía a los recitales de death metal hacia mosh junto a otros tatuados que compartían los mismos gustos y afinidades. Cerveza, ideas muy cercanas al nazismo, misoginia pura y dura, una visión pesimista hacia todo lo humano, y auto-destrucción dentro de un marco de misantropía sin precedentes. Remítanse si quieren pruebas a cualquier letra de cualquier tema de cualquiera de estas bandas. Y para el curioso, se recomienda leer sobre los orígenes del black metal noruego ¿Sacarle fotos al cuerpo de tu amigo que se corta la garganta antes de llamar a la policía y después ponerlo en la tapa de un disco? Pero cada loco con su tema reza un dicho muy viejo que se repite cada vez menos.
“Ni Milei ni Cristina” publicaba Tedi en sus redes sociales. Seguía grupos de ultraderecha, satanismo, comunismo satánico(?) y la lista sigue con diversas comunidades virtuales de la misma índole. Al escribir en su feed de Instagram “Me siento la parca” ya estaba todo dicho. Quería cambiar el rumbo de la historia. Al pasar el tiempo, agarró un arma de 20 años, con el número de serie limado, compró 100 proyectiles de munición que, ja, no era la correspondiente al arma en cuestión y salió a hacer justicia. Sabag Montiel (35) quiso ser el héroe de la novela, a lo Lee Harvey Oswald (24) pero llevándole al menos diez años de diferencia y muchísimo desconocimiento de balística. Ambos con ideas similares y afines. Salvo los gustos musicales. Creo que Oswald hubiera preferido algo de Bobby Vinton (She wore blue velvet…) Ahora, el mito. El héroe lucha simbólicamente para derrocar la “vieja-ley”, es decir, la decadencia y los elementos no productivos de una sociedad y, por extensión, los suyos propios. En la agonía, el punto más álgido de esta lucha, el trae la “nueva-ley”. El heroísmo es una fuerza creativa que se apoya en un acto agresivo. Dicha actividad hace la evolución, la productividad y la independencia, no solo para el individuo, sino para la sociedad en conjunto. El acto puede ser (y es visto) como criminal, ya que el héroe debe infringir las antiguas tradiciones establecidas. Romper con la tradición. Sabag Montiel cumple con algunos de estos principios clásicos del héroe, pero falla en el sentido que él mismo se colocó dentro su situación. A ver, su primera aparición mediática fue en el canal de noticias altamente amarillo, casi naranja, que es CRÓNICA TV, como un joven que trabaja con un grupo de chicos y chicas, entre ellos su novia, vendiendo copos de azúcar. Un seguidor del death metal hace nubes de algodón dulce para los niños, sin duda es increíble. En esta nota que le hace CRÓNICA TV, Tedi expone sus ideas de forma muy articulada demostrando que las palabras que salen de su garganta son producto de un discurso muy bien estructurado. Como si fuera un archivo de audio con grabaciones de Javier Milei y que de cierta forma se reproduce fragmentado, glitcheado, incompleto, pero con la bronca intacta, de su emisor original, eso sí se copió satisfactoriamente. Como este canal de noticias tiene una debilidad por el escándalo, el micrófono se posicionó en boca de Tedi para que largara toda su diatriba. Buscó por medio de sus redes, de los medios tradicionales de comunicación y por la fuerza concreta de un arma de fuego “derrocar” la vieja-ley. Matar el símbolo del kirchnerismo actual, Cristina Fernández. Pero su heroísmo tiene caracteres megalómanos. Me siento la parca. Una especie de llamado sui generis al que acudió él mismo, porque sólo uno puede cargar con la responsabilidad de ser héroe: Yo, Fernando Sabag Montiel. Es esta pulsión que lleva a los magnicidas a cometer sus actos. Un héroe de verdad no tiene en principio, una elección real por la que pueda volcarse, se encuentra en el lugar equivocado, en el momento equivocado, como Bruce Willis en Duro de Matar. Tiene que hacer las cosas porque no le queda otra. Pero no Tedi, ni Oswald, ellos querían convertirse en héroes, lo que automáticamente los cancela del todo. No obstante, Oswald sí logró su objetivo, el matar a John Fitzgerald Kennedy. Y en esto se diferencia de Tedi, que no mató a nadie. El asesino de Dallas fue arrestado con una sonrisa en sus labios, misión cumplida. Los sherifs texanos lo pusieron tras las rejas y dos días después el dueño de un bar local lo mata saliendo del juzgado. Así es como termina la mayoría de los sicarios. Dice la Biblia: “el que a hierro mata…” Nuestro Fernando quiso pero no pudo. ¿Nervios, desconocimiento, autosabotaje? ¿Quién sabe? Está preso por intento de homicidio mientras intentan sacarle información sobre su atentado. Otra suerte corrió Eróstrato[v], quien fuera el que pasó por fuego al templo de Artemisa ni más ni menos, considerado como una de las maravillas de la antigüedad, dicho sea de paso. Este pastor de ovejas de la Antigua Grecia confiesa por medio de torturas que nos podríamos imaginar terribles e inhumanas, que su acto ha sido solo para ser conocido y, además, porque siente que no ha hecho nada importante en toda su vida. Hacer algo importante, pasar a la posteridad y memoria de la humanidad, del anonimato total a estar boca de todos, en tapas de diarios y las tendencias de las redes sociales, aunque sea por unos cuantos días, por medio de actos de violencia. Y más allá de las conjeturas y suposiciones acerca de entidades oscuras que quieren dominar el mundo, siempre hay un Eróstrato para un conspirador sin escrúpulos. Por eso digo, Sabag Montiel, ni héroe ni asesino, sino un mero pastorcito que se le escaparon las ovejas.
8 de marzo, 2023, extraído de LA COLUMA NOA
Asentamiento 360
La propuesta fue en el centro cultural Alas de Villa Juanita, un espacio comunitario en el primer piso de una casa ubicada en las inmediaciones de la Cerámica del Norte. Calles amplias de tierra y viviendas que parecen estar siempre en vías de construcción.
Como nuestra cultura, exactamente -voy a retomar este tema más adelante- Bueno, ahora la obra en cuestión: “Asentamiento 360”, que nos cuenta la historia del asentamiento que era esto antes de ser Villa Juanita mientras estamos sentados en el medio de la sala en el piso.
El rol de las mujeres es figura principal de la obra, quienes mantienen un continuo diálogo entre ellas y el público, ellas y otras mujeres, que al mismo tiempo son madres de familia y vecinas de dicho lugar. Es central la mujer y su vida. En otro contexto, a mí no me importaría lo más mínimo las historias personales de las actrices pero acá es fundamental para captar enteramente y en forma cabal los objetivos de este movimiento. Le voy a decir así de ahora en más, porque no es solamente una obra de teatro. En este movimiento yo sé que lo que dicen y actúan no es estudiado de un guión sino que tiene su origen en una experiencia vivida (un pleonasmo, pero hacen falta de vez en cuando) y que siguen viviendo. Cuando ellas hacen de señora que le ceba mate al marido, es eso; cuando hacen de pobres, de villeras, de gente que toma vino y pasa frío cuidando su terreno tomado, es porque lo han vivido, han pasado por eso. No lo vieron por la tele o experimentando en un taller de teatro. En una parte algunas de ellas lloraron mientras cantaban una canción haciendo palmas. La canción era festiva y con ritmo de cumbia, sin embargo, salían las lágrimas de algunos ojos sin
proponérselo.
Hay que educar al público para ver este tipo de obras; mejor dicho, hay que deseducarlos. Para disfrutar de la experiencia el espectador debe y tiene que girar la cabeza tipo la nena de la película de “El Exorcista”, o mover su cuerpo en dirección de la acción si no dispone de esta habilidad fantástica. No hay proscenio que indique un límite entre el público y los actores, no hay sillas para asentar las cachas burguesas, a lo sumo hay una alfombra o dos. Hay una luz blanca en el medio y un parlante del que sale una cumbia, un tema de Callejeros, o canciones de tipo protesta con letras que te dejan bien en claro el mensaje. Otro detalle, no cobran entrada como si fuera una casa de familia, de barrio pero hay que respetar los códigos. Eso sí. Nos cuentan una historia. Es así. La forma es bastante directa y puntual. Contar, contar como llegaron a donde están ahora utilizando el humor a veces, un cierto lirismo otras.
Hay una cierta pedagogía, es didáctica como tendrían que ser las clases de historia y formación ética en las escuelas. Sensibiliza y educa; bueno no me imagino una educación sin sensibilidad. El factor de la solidaridad, el valor que orienta la brújula de este barco atraviesa desde principio a fin toda la obra, señalando la falta de solidaridad en un pueblo marcado por los fines espurios de una clase media y los vicios de una clase dirigente; por otro lado nos muestra como la solidaridad es una herramienta indispensable para construir. Se asume, a causa de los medios de comunicación, las películas y las series de Ortega y cía, que la marginalidad siempre tiene que estar ligada al narcotráfico, los punteros políticos, la prostitución, la violencia y la lista sigue. No se puede concebir que en los márgenes de la sociedad haya convivencia, valores y solidaridad.
Nuestra cultura es casa que está siempre en continua construcción, no es algo estático, siempre hay algo por hacer, algo que falta. Nuestro teatro, si es que le podemos llamar nuestro y si es que le podemos decir teatro está también en vías de construcción. Esta cara del arte está siempre ceñida a una cosa en concreto, es decir, vestuario, luces,sonido, utilería, actores, cuerpos y objetos. La dramaturgia es un handicap y solo tiene una forma cabal cuando se lo lleva a escena. Y esto es un arma de doble filo, porque un lado la obra está construyendo algo corpóreo al mismo tiempo que depende de esa corporeidad y se ve limitada la mayor de las veces. Hay que aceptar ambas orfandades, ambas dependencias.
La obra termina con todo el mundo cantando y bailando. Alas Teatro Comunitario se mete a la fiesta desde la periferia. Tendríamos que llevar el centro a la periferia, que las señoras, los señores y lxs chicxs salgan de la birrería artesanal y del weedshop para conocer otras miradas, otras voces.
22 de noviembre, 2022, extraído de LA COLUMNA NOA
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